Sí. ¿Por qué no?
El mejor testimonio lo ofrecen las amibas: seres unicelulares, libres o parásitos, cuyo cuerpo carece de membranas y se mueve mediante expansiones en forma de falsos pies o seudopodios. Su protoplasma externo (ectoplasma) responde a dos categorías de estímulos exteriores -en el medio líquido donde se cultivan. Buscan los favorables y rechazan los desfavorables. Por ejem plo, aprenden rápidamente a no ingerir granitos de arena no alimenticios. Todo ello mediante su exclusivo comportamiento motor que estamos tentados de considerar inteligente en un ser primitivo que no revela ningún elemento nervioso. Existen además, amibas sociales que viven agrupadas en perfecta armonía.
Ahí tienen, profesores liceales de biología, un excelente material de observación microscópica porque amibas libres abundan en el barro de aguas estancadas.
Por otra parte, los glóbulos blancos -que fagocitan microbios-saben dirigirse hacia ellos. En cambio, no fagocitan los glóbulos rojos, entre los cuales circulan constantemente. Seleccionan, pues, sus víctimas.
Es asombroso que nuestro mundo celular mantenga su número total a pesar de que cada segundo mueren millones de células sin cesar y son reemplazadas durante todo el curso del ciclo vital individual.
El comportamiento de las neuronas -que no se multiplican-y de sus prolongamientos siguen siendo investigados por citólogos y bioquímicos.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada